Cometas. Propuesta de pabellón textil y actividades para unas hipotéticas condiciones meteorológicas.

2022 · TAC! Festival de Arquitectura Urbana · València

El cinco de marzo del año 1764, a poco mas de las ocho de la noche una aurora boreal visitó el cielo de la ciudad de València. Este extraordinario acontecimiento fue registrado por Manuel Rosell a través de un grabado. En él, se cartografió de forma exhaustiva y secuencial, las fases observadas durante el insólito fenómeno.

La concepción del pabellón nace de un diálogo íntimo con las actividades que propone y con la memoria viva del lugar, ambas profundamente conectadas con el disfrute cotidiano del espacio público. Su diseño se materializa como un punto de encuentro natural, un nudo sutil donde convergen distintos itinerarios urbanos que transitan por hitos históricos relacionados con la tradición textil valenciana: desde la Lonja de la Seda al Mercado Central, pasando por la Plaza Redonda y extendiéndose hacia el barrio histórico de Velluters. Estos lugares quedan cuidadosamente cosidos al Jardín del Turia, un eje natural que a su vez establece un vínculo con otros jardines más internos del barrio del Carmen.

El pabellón supera la condición de objeto meramente estético para convertirse en un dispositivo sensorial que permite experimentar las sutilezas cambiantes del cielo valenciano, integrando así lo meteorológico como parte esencial de su experiencia espacial. Esta versatilidad nace precisamente de la capacidad evocadora y transformadora de la tela, material protagonista que adopta diversas tonalidades en sintonía con las actividades que acoge.

Durante el día, el pabellón se muestra como un prisma blanco que absorbe la intensa luz mediterránea de Valencia, filtrándola delicadamente a través de una galería perimetral que conduce a un patio central de luz, creando así un ambiente sereno y contemplativo. Conforme cae la tarde, la estructura se tiñe sutilmente de tonos rojizos y celestes, enfatizando su naturaleza ligera y etérea, semejante a la de una cometa que parece flotar sobre la ciudad. Al caer la noche, el pabellón adquiere vida propia, impregnándose de las luces urbanas y proyectando reflejos efímeros que revelan su carácter mutable y poético.

El emplazamiento elegido, estratégicamente situado entre la memoria histórica de Velluters y el paisaje natural del Jardín del Turia, no es casual. Recupera la imagen nostálgica del recorrido tradicional que durante la semana de Pascua realizaban multitud de niños y niñas valencianos, llevando consigo sus cachirulos desde las calles llenas de comercios en dirección al antiguo cauce del río, donde el cielo se convertía en un escenario lúdico de cometas. Esa tradición festiva, ligada al cielo y al viento, es precisamente la inspiración que guía la propuesta arquitectónica.

Una posible elección del proyecto como ganador implicaría convivir con lo impredecible de lo meteorológico, abrazando las distintas casuísticas atmosféricas que pudieran darse. Este aspecto añade un componente de incertidumbre, invitando a imaginar situaciones improbables y evocadoras como la inesperada visión de una aurora boreal sobre Valencia o la imagen de un cielo otoñal inundado de cometas.